dimarts 2 de setembre de 2008

Arte e ideología: moraleja y moralina - 4 -

En español, hay cuatro conceptos para referirse a las maneras distintas que tienen la literatura y el arte para comunicar contenidos o visiones éticas: moralidad, moral, moraleja y moralina. De momento hablaré sólo de los dos últimos.

Se entiende por moraleja, según la Real Academia Española, cualquier “lección o enseñanza que se deduce de un cuento, fábula, ejemplo, anécdota, etc.” Bueno, la deducción puede ser implícita o explícita. En muchas fábulas es explícita. Veamos, por ejemplo, esta de Samaniego:


“La serpiente y la lima”


En casa de un cerrajero,

entró la serpiente un día,

y la insensata mordía

en una lima de acero.

Díjole la lima: “El mal”,

necia, será para ti;

¿como has de hacer mella en mí,

que hago polvos del metal?


Quien pretende sin razón

al más fuerte derribar

no consigue sino dar

coces contra el aguijón.


La primera parte de esta fábula es una narración en la cual hablan, además del narrador, ni más ni menos que una serpiente y una lima. Pero en la segunda parte, la que he puesto en cursiva, sólo hay la voz del narrador y no se nos narra nada. Se nos ofrece una enseñanza que se deduce de lo narrado en la primera parte. La lección moral es ésta: “No se te ocurra atacar nunca a alguien más poderoso que tú, porque te van a pringar." Excelente lección, aunque un poco aburrida, porque lo divertido en esta vida es precisamente atacar al fuerte sin “darse coces contra el aguijón” (si el poeta nos hubiera contado como hacerlo sin que te pringuen, el poema hubiera mejorado bastante, precisamente desde el punto de vista moral, de lo cual hablaremos en el próximo capítulo). Pero aunque sea aburrida, la enseñanza está muy clara. Y todavía está más claro que el autor compuso este poema después de haber pensado en la moraleja; no antes. En las parábolas del Evangelio, ocurre lo mismo. El evangelista inventa la parábola para ilustrar una enseñanza previamente concebida. La definición de parábola es, también según la RAE, la “narración de un suceso fingido, de que se deduce, por comparación o semejanza, una verdad importante o una enseñanza moral." Lo que importa, pues, en ambos casos es la parte final: la enseñanza.

Los géneros literarios con “moraleja”, explícita o implícita, no prometen buena literatura. Desde un punto de vista estético, suelen tener muy poco valor, a no ser que ocurra lo que vimos en el capítulo 2 de esta serie de Arte e ideología: que el valor esté en la narración y no en la moraleja. En el caso de “La serpiente y la lima” la narración no es nada del otro mundo y la moraleja, como ya hemos dicho, es muy aburrida. Pero lo que todo lector de buena fe tiene muy claro es que no se puede juzgar el valor de la fábula por la moraleja, sobre todo si resulta que estamos de acuerdo con ella. Hay lectores, sin embargo, que juzgan las fábulas positivamente, si están de acuerdo con la moraleja y negatívamente si no están de acuerdo. Ésta es, en mi opinión, una mala manera de leer. Vamos a ver: todo el mundo lee como quiere o como puede. Pero si digo “una mala manera de leer” quiero decir que no es un tipo de lectura que prometa placer estético. Como máximo puede otrogar un placer ideológico, de la misma manera que lo da un discurso político o religioso e incluso filosófico.

Si, por el contrario, la fábula y la parábola cuentan una historia de manera que invitan al lector a represerntársela virtualmente en su imaginación y, una vez representada, la impresión de realidad es tan fuerte o más que la vida real (además de otros requerimientos estilísticos), entonces ya podemos empezar a hablar de placer estético.

Pasemos ahora al otro concepto: moralina ("moralidad inoportuna, superficial o falsa", también según la RAE). Cuando un poema, una novel·la, una película, etc. tiene moralina, estamos en el mismo plano que estábamos antes con la moraleja; pero peor. En la moraleja cabe la imaginación artística. En la moralina, no. Eso es lo que separa ambos conceptos. Una película con moralina (la mayoría de las películas americanas con pretensiones de calidad suelen tenerla) es un verdadero asco. Y un libro con moralina, peor. En estos casos, es muy difícil, por no decir imposible, que se dé una narracion imaginativa, porque si no ha habido imaginación para la “enseñanza o lección” ¿cómo la va a haber en lo narrado? Lo máximo que se puede dar es una buena técnica de escritura o de filmación, etc. Escribir bien, lo que es meramente escribir bien (no estamos ahora juzgando arte) no necesita imaginación, como no la necesita filmar bien, tener una buena fotografía, etc. Tanto en literatura como en cine, ahora más que nunca, sobretodo en cine con los avances tecnológicos y diglitales de las últimas décadas, se tiende a valorar lo espectacular, la técnica, en suma, mucho más que la imaginación formal y muchísimo más que la imaginación moral, de la cual hablaré en el próximo escrito. Las razones de esta preferencia por lo espectacular son, en gran parte comerciales. En resumen: lo que podríamos llamar “redactar bien” (tanto en literatura como en cine) no tiene interés estético. Es, si se quiere, una condición sine qua non, pero muy lejos todavía de lo estético. Sé que habría que matizar mucho más; pero lo esencial es esto: en arte, lo que empieza a contar como valor es la imaginación formal y luego la imaginación moral. Lo que ocurre es que un libro puede estar escrito con un lenguaje coloquial, poco elegante, etc y ser artísticamente interesante porque el estilo, elegido cuidadosamente por el autor se adecua a lo narrado. Efectivamente un libro puede tener un estilo cuidadosamente descuidado. Hay que rechazar la idea según la cual el lenguaje literario es siempre ejemplar. Muchas veces no lo es porque no se adecuaría a lo narrado. Esto no es nada nuevo; en cierta manera, lo dijo ya Aristóteles: “Lo imposible convincente es preferible a lo posible increíble”, lo cual, traducido en palabras modernas, significa que sólamente se obtiene verosimilitud cuando el autor tiene imaginación formal.

En el próximo capítulo hablaremos de la moral y la moralidad.

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